Rodas de Conversa debate filosofia na obra de Gabriela Mistral

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A obra de Gabriela Mistral será o próximo tema da série Rodas de Conversa, que acontece na Biblioteca Latino-Americana. Desde a sua primeira edição, o encontro mensal de pessoas vem atraindo um número cada vez maior de interessados.

 

Gabriela Mistral (1889-1957), pseudônimo literário de Lucila de Maria del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, foi uma poetisa, educadora e diplomata chilena, primeiro nome da América Latina a vencer o Prêmio Nobel de Literatura. Sua poesia é única, mística e repleta de imagens singulares e de lirismo. Seus temas centrais são o amor pelos humildes, memórias pessoais dolorosas, as mágoas e um interesse mais amplo por toda a humanidade.

 

O debate do dia 20 de junho (quarta-feira) vai abordar o tema: Relações e como, através delas, marcamos nosso lugar no mundo, a partir de dois poemas: Pan (A Teresa e Enrique Diez-Canedo) e El Placer de Servir (abaixo).

 

O encontro mensal é organizado pelo Recanto da Filosofia Clínica em parceria com o Centro Brasileiro de estudos da América Latina (CBEAL), braço acadêmico do Memorial da América Latina.

 

SERVIÇO:

Rodas de ConversaTema: Relações e como, através delas, marcamos nosso lugar no mundo

Debate baseado na obra de Gabriela Mistral

Data: 20 de junho (quarta-feira)

Horário: Das 19h30 às 21horas

Local: Biblioteca Latino-Americana (Portões 2 e 5)

Memorial da América Latina/Metrô Barra Funda

Entrada Gratuita (não é necessário se inscrever)

 

POEMAS:

El Placer de Servir

“Toda la naturaleza es un anhelo de servicio; sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú. Sé el que aparte la estorbosa piedra del camino, sé el que aparte el odio entre los corazones y las dificultades del problema. Existe la alegría de ser sano y de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir. ¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera rosal que plantar, una empresa que acometer! Que no te atraigan solamente los trabajos fáciles: ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan! Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: Adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve. El servir no es una faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿Al árbol? ¿A tu amigo? ¿A tu madre?”.

 

Pan (A Teresa e Enrique Diez-Canedo) IN Poesias Completas – Gabriela Mistral – Aguilar – 1968, p. 441

Dejaron un pan en la mesa, mitad quemado, mitad blanco, pellizcado encima y abierto en unos migajones de ampo. Me parece nuevo o como no visto, y otra cosa que él no me ha alimentado, pero volteando su miga, sonámbula, tacto y olor se me olvidaron. Huele a mi madre cuando dio su leche, huele a tres valles por donde he pasado: a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui, y a mis entrañas cuando yo canto. Otros olores no hay en la estancia y por eso él así me ha llamado; y no hay nadie tampoco en la casa sino este pan abierto en un plato, que con su cuerpo me reconoce y con el mío yo reconozco. Se ha comido en todos los climas el mismo pan en cien hermanos: pan de Coquimbo, pan de Oaxaca, pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía forma de sol, de pez o de halo, y sabía mi mano su miga y el calor de pichón emplumado… Después le olvidé, hasta este día en que los dos nos encontramos, yo con mi cuerpo de Sara vieja y él con el suyo de cinco años. Amigos muertos con que comíalo en otros valles, sientan el vaho de un pan en septiembre molido y en agosto en Castilla segado. Es otro y es el que comimos en tierras donde se acostaron. Abro la miga y les doy su calor; lo volteo y les pongo su hálito. La mano tengo de él rebosada y la mirada puesta en mi mano; entrego un llanto arrepentido por el olvido de tantos años, y la cara se me envejece o me renace en este hallazgo. Como se halla vacía la casa, estemos juntos los reencontrados, sobre esta mesa sin carne y fruta, los dos en este silencio humano, hasta que seamos otra vez uno y nuestro día haya acabado…

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